viernes, 22 de agosto de 2008
viernes, 11 de julio de 2008
DESDE CASA DE FERMIN
martes, 15 de abril de 2008
Mata de Alcantara
Tecnología Bluetooth

Hoy hemos conocido con María el sistema Bluetooth y ha despertado en mi gran curiosidad por su utilidad y rapidez.
Con él puedo pasar fotos y todo tipo de archivo a amigos,al ordenador y hasta bajarme cosas de otros mobiles amigos.Dentro de una distancia concreta,en su radio de acción.
Consume bastante batería.
Tambien tiene sus medidas de seguridad.
Hoy ha sido un descubrimiento que poco a poco pienso ir conociendo mejor.
jueves, 10 de abril de 2008
| LETRA ' SI CONOCIERAS COMO TE AMO ' | ||||||||||
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El pecado original
Ya iban a darle garrote, cuando extendió una mano hacia el público, indicando que quería hablar. El verdugo no tuvo inconveniente en suspender por un momento su penosa tarea, porque aquel pobre señor no le había dado nada que hacer, y le era simpático, como al pueblo entero que presenciaba la ejecución, y como lo había sido al Tribunal y a cuantos habían intervenido en la causa famosa que le llebaban al suplicio.Era un ilustre sabio naturista, que había descubierto infinidad de cosas útiles para la humanidad y para la ciencia, sin meterse jamás en hondaduras metafísicas sobre lo que era o no era la materia, o en si había alma o dejaba de haberla. Había matado a su mujer y a la nodriza de su unigénito en un momento de alucinación. Los médicos se habían empeñado en demostrar que había obrado como un loco, por un impulso irresistible. Pero don Atanasio, el sabio, se puso furioso con esta interpretación y publicó un manifiesto, desde la cárcel, poniendo de vuelta y media a los doctores y a la escuela antropológica italiana y a cuantos fisiólogos se meten en honduras de derecho y a tergiversarlo todo. <
Cuando le sentaron y sintió en la garganta el frío corbatín de hierro, se estremeció... y en vez de ver las estrellas, vió en el aire, de repente, con los ojos de la imaginación... una fórmula; pero otra, mucho mejor, ¡Qué fórmula!
-- ¡Ya la encontré! ¡Albricias, señores!-- gritó adelantándose hacia el público por el tablado adelante--. Que no me maten de ninguna manera; sería una atrocidad: es decir, por ahora. Que me dejen ensayar mi descubrimiento, y después que hagan de mí lo que quieran.
-- Pero ¿Qué ha descubierto usted? -- preguntó el verdugo, que empezaba a temer que aquello fuese una treta. --¡ Pues nada hijo, he descubierto la inmortalidad del hombre! Pero no la inmortalidad del alma, no; la del cuerpo y alma juntos; vamos que he encontrado lo que perdió Adán.¡Claro! la otra fórmula... era floja, insuficiente; me faltaba... lo del pentóxido de fósforo, y no había pensado en la forma cristalina de la betaméthylnaftalina, y en cambio había metido al ácido amidosulfónico donde no toca pito. ¡ Pero, señor, cómo me había yo olvidado de las propiedades cristalográficas de los dos estereoisomeros ácidos-dicloro-sigma-methyl-dimethylsuccínico! ¡ Ve usted qué cabeza la mia ... señor... justicia mayor!
El verdugo se dijo: <<>> Y no sabía qué hacer, si matarlo o dejarlo. Pero intervino el público, la fuerza, la autoridad, y de explicación en explicación se llegó a telegrafiar al gobierno, consultando lo que se hacía con aquel hombre que juraba haber descubierto la inmortalidad de la vida...mortal, o ci devant mortal, como diría un corresponsal de París.
El gobierno accedió a lo que don Atanasio pedía; a saber, que le oyera una junta de sabios, y que si no les convencía de que era infalible su descubrimiento, se le diese, no ya garrote, sino los mayores tormentos de la Inquisición, y que le descuartizaran si querían.
A los pocos días, las Academias de todas las ciencias, menos las morales y políticas, reunidas, publicaban su informe. En efecto, don Atanasio había descubierto el modo de preservar al hombre de la muerte, de toda clase de muerte; pero...
Pero no al hombre, así, en general; no a todos los hombres, sino a uno solo. A uno entre los vivos; pero los que este engendrara serían ya inmortales también. La idea se le había ocurrido a don Atanasio por la sugestión de ciertas teorías del malogrado filósofo Guyau, que, medio en serio, medio en broma, había hablado de la posibilidad de llegar a tal proceso, que hubiera medios de mantener el equilibrio de los elementos vitales en el organismo en constante renovación. Si la humanidad, pensaba don Atanasio, no ha hecho nada hasta ahora por su inmortalidad, ha sido culpa del apriorismo metafísico, y después por la dichosa teoría de la evolución, también metafísica, que dice que todo lo que nace muere. <<>Origen de las especies, de Darwin, y estareis en el noviciado de la gran Orden de inmortalidad >>; esto decía don Atanasio. No hay para explicar aquí porque lo decía. Tampoco lo hay para dar razón detallada de por qué no podía inmortalizarse más que a un hombre y su descendencia. Ello era que los polvos de la madre Celestina, digamosló así, merced a los cuales se podía consegir la inmortalidad, eran de tan esmeradísima, dificil y delicada fabricación, que la humanidad entera tenía que consagrarse, en sacrificio, a producir el elixir misterioso, que era una quintaesencia de cierto jugo vital descubierto por don Atanasio Se calculó que se necesitaba que todos los millones de hombres que forman los pueblos civilizados y a medio civilizar, se dejasen hacer cierta operación dolorosísima, aunque no peligrosa, para sacar la sustancia necesaria para producir la inmortalidad de un solo individuo. Además, de tal operación exigía gastos desorbitantes de los Estados en materias químicas, estudios, hospitales ad hoc, viajes, comisiones, etcétera,etc. En fin, un dineral. Cada nación tenía que empeñarse para mucho tiempo.
No importaba; todo se daba por bien empleado. ¿Qué sacrificio no se haría por reconquistar la vida inmortal, perdida a las puertas del paraiso? La humanidad civilizada y a medio civilizar decidió ganar la inmortalidad para el hombre, costase lo que costase; pero...
¿ A que gato le ponía el cascabel? ¿Quién iba a ser el único inmortal entre los vivos, el nuevo Adán, fundador de la raza de los inmortales? Algunos sabios empezaron a protestar, diciendo que la cosa no era tan ventajosa como se creía; que era una inmortalidad ontogénica; no filogénica.
--¡Mentira! -- Replicó don Atanasio--, no se salva sólo un individuo, sino la especie, mediante los descendientes de un individuo.
-- Bueno; pero ¿quién va a ser el afortunado... inmortal?
--¡El Papa! --dijeron unos.
-- El emperador de la China -- dijeron los chinos.
-- El Rey de Inglaterra -- dijeron los ingleses
-- Nuestro amo --gritaron los alemanes.
-- El presidente de la República -- exclamaron los franceses: et sic de coeteris.
Los españoles se creyeron llamados a escoger el inmortal, pues don Atanasio, por pura distracción, se había dejado parir en España.
Y aparecieron mil candidatos. ¡Don Alfonso! ¡Don Carlos! ¡Cánovas! ¡Guerrita! ¡Irún! ¡Pablo Cruz!
-- Señores --dijo Ferreras desde El correo --; de no ser Sagasta, que casi nos lo había prometido... que sea... el mismo don Atanasio... el inventor.
-- ¡De ningún modo! -- protestó el Tribunal del Derecho--. Don Atanasio está condenado a muerte y la inmortalidad sería un indulto.
Algunos hombres sinceros que había esparcidos por el mundo, uno aquí y otro en Pekin, se hicieron oir.
-- Seamos francos -- decían --; un bien tan grande, tan impensable, tan incalculable como la inmortalidad nadie la quiere para otro, nadie quiere sacrificarse, sufrir esa terrible operación, gastar su hacienda... para consegir el tormento de morir sabiendo que pudo ser inmortal. Llegado el instante de la operación salvadora... nadie se dejaría operar para inmortalizar a otro.
¡Es verdad!, pensó la humanidad en silencio.
Algunos hipócritas sacaron a relucir el sofisma paradógico de que el mayor suplicio era una vida sin fin...
Ahora que se tocaba la posibilidad nadie creía eso; la sed de la vida inmortal se apoderó de todos; se suspendieron los suicidios, callaron los pesimistas, los místicos no pedían la muerte.
-- ¡A votar! ¡a votar! -- gritó el mundo entero.
Se votó por razas, por naciones, por provincias, por municipios, por barrios, por calles, por casas, por familias. Y cada raza se votaba a sí propia, y nada más, y cada nación lo mismo, y cada provincia igual; y así hasta llegar al seno de la familia... donde cada cual quería la inmortalidad para sí mismo. Todo fue inútil. El último resultado, cada hombre tenía un voto: el suyo.
-- ¡Hay que recurrir a la lotería! -- declaró el Congreso de las Naciones.
-- ¡ésa es la fija! ¡A quien Dios se la dé!... -- gritó a coro el infinito vulgo.
-- ¡Inútil! -- interrumpieron unos pocos hombres sinceros que había en la tierra.
-- ¡Inútil la lotería... porque ese premio gordo no se le entregará al agraciado; la humanidad faltará a su palabra: no sufrirá nadie la operación para que se salve un afortunado...
-- ¡Verdad! ¡Verdad! -- reconoció el mundo--. Nadie padecerá martirio por dar a otro la vida inmortal segura, visible, palpable.
-- No se piense más en ello; ha sido un sueño. ¡O yo, o nadie! -- declaró cada cual.
Y entonces el Tribunal de Derecho, que había condenado a don Atanasio, exigió la ejecución de la sentencia.
-- Como ni ha habido tal descubrimento, pues no hay modo de llevarlo a la práctica, no hay nada de lo dicho, señor mio... -- dijo la autoridad.
Y dieron garrote al inventor de la inmortalidad.
Y los hombres siguieron siendo mortales por la misma causa que la otra vez; por el pecado original.
Porque el pecado original, el que priva al hombre de vivir sin morir, es el egoísmo, el desamor, la envidia.
Y no el comer fruta verde.
martes, 8 de abril de 2008
PAN DE VIDA
jueves, 6 de marzo de 2008
martes, 19 de febrero de 2008
conferencia episcopal
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| 1. Los españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo. Como en otras ocasiones semejantes, los Obispos ofrecemos a los católicos y a todos los que deseen escucharnos algunas consideraciones que estimulen el ejercicio responsable del voto. Hablamos como pastores de la Iglesia que tienen la obligación y el derecho de orientar el discernimiento moral que es necesario hacer cuando se toman decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común. 2. Con tal finalidad pensamos que es éste un momento apropiado para leer y meditar de nuevo la Instrucción Pastoral aprobada el 23 de noviembre de 2006 por la Asamblea Plenaria de nuestra Conferencia Episcopal bajo el título de “Orientaciones morales ante la situación actual de España”. Recordamos algunas ideas fundamentales de esta Instrucción, que han de ser comprendidas, por tanto, en el conjunto de aquel relevante texto. 3. Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás. Deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz verdadera (n. 81). 4. Si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública (n. 50). 5. Los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas (n. 56). No se debe confundir la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado con la desvinculación moral y la exención de obligaciones morales objetivas. Al decir esto no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica. Pero sí que se atengan al denominador común de la moral fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo (n. 55). 6. “Es preciso afrontar - señala el Papa - con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social” (n. 56). La legislación debe proteger al matrimonio, empezando por reconocerlo en su ser propio y específico (n. 41). 7. No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna (n. 13). En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública, así como el programa de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada “Educación para la ciudadanía” (n.18), que lesiona el derecho de los padres - y de la escuela en colaboración con ellos - a formar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas y morales. Es necesario promover un gran pacto de Estado sobre la base de la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos. 8. El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo (n. 65). Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político (n. 68). 9. La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España (n. 73). Al mismo tiempo, enseña que, también en este caso, es necesario tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria y - en palabras de Juan Pablo II a los obispos italianos - “superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros del separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada” por parte de todos. Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas (n. 74). 10. En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Nos parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda. Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, las jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y amenazadas por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones y de abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse. Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común de la creación (n. 80). En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos. Que el Señor ilumine y fortalezca a todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad. | ||||||


